LA ESTÚPIDA VIOLENCIA DEL GRAFFITI

LA ESTÚPIDA VIOLENCIA DEL GRAFFITI

miércoles, 11 de junio de 2014

Grafiteros detenidos

La Policía Nacional ha detenido en Madrid a siete grafiteros –tres de ellos menores–, por causar daños a trenes de Cercanías por valor de más de un millón de euros en tres años. Al grupo desmantelado, muy activo y conocido como «LFC», se le imputan 185 delitos de daños y 71 de desórdenes públicos.
Los arrestados utilizaban el método del «palancazo», consistente en accionar la palanca de freno de emergencia de los trenes para realizar las pintadas y grabar la acción delictiva con la intención de difundirla posteriormente a través de las redes sociales (un ejemplo de ello es el video que ilustra la información).
La investigación se inició en el mes de octubre de 2011 cuando los agentes identificaron a varios integrantes de este «crew» de grafiteros. Tras las primeras pesquisas localizaron un gran número de pintadas firmadas con los nombres «Haok», «Leye», «Rail», «May», «Snap Shark» y «Tape», correspondientes a cada uno de los integrantes.
Poco después averiguaron que todos ellos son integrantes de un mismo grupo, LFC, y consiguieron relacionar estas pintadas con el grupo investigado.
Destrozos en los vagones
Además de pintar grafitis solían golpear los vagones con bates de béisbol, lanzaban piedras y otros objetos. La localización de los miembros del grupo ha resultado bastante difícil debido a que siempre ocultaban sus rostros en sus accioness delictivas. Además solían realizar los grafitis cuando los trenes se encontraban en lugares de difícil acceso o estacionados en depósitos.
La Policía ya detuvo el pasado mes de febrero a cuatro jóvenes, entre ellos dos menores, que presuntamente realizaron durante un año y medio numerosos grafitos en vagones de diferentes líneas de cercanías de Madrid, con daños que podrían ascender a más de 62.000 euros.
Previamente, en noviembre del año pasado detuvo al grafitero más activo del suburbano de Madrid, un joven español de 31 años con el sobrenombre «LOSE», considerado un líder por los grupos que se dedican a hacer pintadas, al que se le atribuyeron daños superiores a los 31.000 euros.

Detenido «LOSE» el grafitero más activo del Metro de Madrid

Agentes de la Policía Nacional han detenido a David S.E., de 31 años y nacionalidad española, por la presunta comisión de siete delitos de desórdenes públicos y ocho de daños. Conocido con el sobrenombre de «LOSE», se trata del grafitero más activo del suburbano madrileño y se le atribuyen deterioros en convoyes por un importe superior a los 31.000 euros.
Según ha informado este martes la Jefatura Superior de Policía de Madrid, el detenido es considerado un líder por los aficionados a este tipo de vandalismo, ya que acumula el mayor número de metros de tren pintados en toda España, criterio que utilizan para avalar su veteranía.
En activo desde 1995, fue uno de los primeros en utilizar el método del «palancazo», término empleado para referirse al modo de frenar el tren mediante la activación de un botón situado en la cabina del maquinista y los frenos de emergencia.
Una vez detenido el tren, descienden del mismo con el objetivo de realizar una pintada de grandes dimensiones en un tiempo máximo de 15 minutos, que es lo que tarda aproximadamente en reanudarse el servicio. Para su detención se ha contado con la colaboración de los servicios de seguridad del Metro de Madrid.
Sus «hazañas», en las redes sociales
Conocido entre los grafiteros con el sobrenombre de «LOSE», el detenido, junto con otros individuos, empleaba las redes sociales además de para colgar los vídeos con sus «hazañas», para organizar los encuentros previos a realizar las pintadas.
Podrían llegar a reunirse hasta 20 personas de diferentes edades, tanto de Madrid como de otras comunidades autónomas e incluso del extranjero, organizadas activamente a través de Internet para planear sus actividades.
Vestidos con ropa de camuflaje, ocultan sus rostros con capuchas y bufandas y van provistos de mochilas que contienen pinturas, llaves y herramientas con las que forzar la puerta de la cabina de cola del conductor para activar los mecanismos de frenado.
Los puntos donde van a realizar sus pintadas son seleccionados en base a la proximidad de una salida de emergencia o un pozo de ventilación con el fin de facilitar su huida desde el interior del túnel de circulación. Las vías de escape son previamente comprobadas por los autores para asegurarse que van a estar en perfectas condiciones el día que lleven a cabo las pintadas.
El detenido es conocido por ser el fundador de grupos de grafiteros famosos como «TNT» o «BGS». También se le atribuyen pintadas realizadas en los trenes de Nueva York, Londres, Copenhague o Atenas, entre otras capitales.

Berlín contra el graffiti

Berlín Entre la vista gorda, la persecución y la prisión
JOSÉ PABLO JOFRÉ /BERLÍN
La cultura grafiti en Alemania lleva años y tiene una gran dimensión. Desde reconocidos artistas que han llevado sus obras a galerías con obras en venta, hasta adolescentes que con sus firmas identifican un territorio. Algunos grafitos han sido una solución urbanística a muchos edificios abandonados, dando color y reflexión a paisajes que serían una evidente monotonía postbélica. Pero están los grafitis en espacios no autorizados, como en los ferrocarriles alemanes: a la Deutsche Bahn le cuesta 7,6 millones de euros limpiar los grafitis de sus trenes. No sorprende por tanto que la DB se haya decidido a utilizar drones –aviones de reconocimiento sin piloto– para identificar a los
grafiteros.
En Alemania se hace la vista gorda a la mayoría de los grafitis –según la ley, son ilegales cuando el propietario no ha dado su autorización escrita–. La excepción son las pintadas en el transporte público que en su mayoría son «tags» o firmas. En el caso de ser sorprendidos, los grafiteros pueden recibir una multa de hasta 2.000 euros e incluso ser privados de libertad por hasta tres años. En Berlín, según datos municipales, la comunidad de grafiteros alcanza actualmente varios miles de jóvenes entre once y veinte años. Se organizan por barrios para ejecutar juntos las pintadas.
El problema es que muchos grafiteros de trenes son chavales de apenas doce años, de ahí que se haya comenzado una campaña de la policía dirigida a los padres con el objetivo de identificar a los niños. La guía indica, algo superficialmente, que si su hijo tiene latas de spray, lee revistas sobre hip-hop, etcétera, probablemente sea quien está firmando sobre los asientos del bus. También existe una especie de multa para estos chicos, llamada «Schuldtitel», título de deuda, que tiene una validez nada despreciable de treinta años.

París contra el graffiti

París Enfrentamiento contra los grafiteros
JUAN PEDRO QUIÑONERO /PARÍS
Francia, en general, y París, en particular, distinguen entre el grafiti político radical, perseguido, y el de vocación visual y artística, aceptado con prudencia como técnica de decoración y «agitación» urbana. Siguiendo las huellas deNueva York, los muros de París comenzaron a ser utilizados por grafiteros de muy distinta sensibilidad a finales de los años 70 del siglo XX, para convertirse en fenómeno de sociedad pocos años más tarde.
La legislación nacional prohibiendo pintadas y pegadas de carteles (publicitarios o políticos) en los muros de edificios públicos, o privados, permitía atacar judicialmente a los autores. La legislación Malraux de los primeros años 60 obliga a los propietarios de todos los edificios privados a pintar y repintar las fachadas regularmente, asegurando una limpieza de la ciudad con cargo a los propietarios.
La proliferación masiva de grafitis en el metro y trenes de cercanías de París y la región desencadenó las primeras grandes batallas campales a mediados y finales de los 80. El Estado y varias compañías nacionalizadas invirtieron muchos recursos económicos y policiales para seguir la pista de muchas bandas de grafiteros que trabajaban colectivamente, iniciándose históricos procesos judiciales que terminaron imponiendo el silencio y el fin de muchos grupúsculos. La compañía nacional de ferrocarriles franceses (SNCF) se gasta cada año unos 5 millones de euros en limpieza de vagones y estaciones. La Alcaldía de París guarda silencio sobre el costo de sus servicios de limpieza para intentar camuflar un enfrentamiento inconfesable con muchas bandas de grafiteros.

Londres contra el graffiti

Londres un delito con un coste inaceptable
BORJA BERGARECHE / LONDRES
En los meses anteriores a los Juegos Olímpicos del verano pasado, Scotland Yard realizó varios arrestos preventivos muy criticados por ciertos colectivos. Las redadas preolimpiadas incluyeron la detención a primeros de julio de cuatro grafiteros, incluido Darren Cullen, de 38 años, conocido por haber tenido a grandes empresas como Adidas entre los clientes de su «arte callejero». Les impidieron acercarse a una milla de las sedes olímpicas, les restringieron el uso del transporte público y les prohibieron estar en posesión de pintura de spray o de marcadores.
El grafiti es ilegal en Inglaterra y puede ser perseguido como un delito. Según la estimación contenida en un reciente informe de la asamblea del área metropolitana de Londres, el coste anual del grafiti en la capital es superior a cien millones de libras (117 millones de euros). A cada distrito le cuesta unos 240.000 euros de media, mientras que la factura de limpieza y reparaciones de la autoridad de transporte de la capital creció un 40% en 2012 con respecto al año pasado. «El grafiti acarrea un coste inaceptable para los londinenses», concluye el informe de octubre pasado.
El grafiti en su dimensión de arte callejero es una presencia permanente en ciertos barrios, especialmente en el este de Londres. En zonas como Shoreditch o Bricklane, destino del turismo más juvenil o alternativo, los tours guiados para ver los distintos murales y obras de «street art» forman parte de lo más demandados entre los visitantes. En las paredes de sus calles, y en las de otras zonas de la ciudad, comenzó sus andaduras Banksy. Ahora, un mural sobre el trabajo infantil arrancado de una pared del barrio de Haringey podría llegar a alcanzar el medio millón de euros cuando se subaste en junio.
El distrito de Hackney, por ejemplo, que alberga algunas de las zonas de mayor concentración de graffiti, persigue con una multa de cien libras (117 euros) a los individuos que cometan «vandalismo con grafiti», y recurren a los tribunales en casos de reincidencia.
El ayuntamiento de la capital realiza operaciones de limpieza desde hace 7 años, y es habitual que la policía pida colaboración ciudadana para identificar y perseguir a grafiteros. Así, durante 2011 persiguieron al responsable de la firma «Zerx», a quien consideraban responsable de «más de un millón de libras en daños».

Nueva York contra el graffiti


Nueva York Giuliani y la mano dura contra el grafiti
MARÍA G. PICATOSTE / NUEVA YORK
Cuando Rudy Giuliani accedió a la alcaldía de Nueva York en 1994, el político encontró un panorama desolador. Las calles de la ciudad estaban plagadas de delincuencia, violencia, drogas y prostitución. Incluso la propia apariencia de la ciudad era un desastre. Sus paredes habían sido invadidas por los grafitis de centenares de bandas que luchaban entre ellas por los muros más visibles.
Antes de que Giuliani se convirtiese en alcalde, el graffiti llevaba décadas causando estragos entre las autoridades y los vecinos neoyorkinos. En la Gran Manzana, el grafiti surgió y creció asociado al metro. Cuando el control sobre el metro se endureció, los grafiteros salieron a la superficie y reclamaron las calles como sus galerías personales.
La presencia del grafiti en la ciudad creció al mismo tiempo que la violencia, ratificando la premisa principal de la
«teoría de los cristales rotos». Esta hipótesis sociológica y criminológica que se estaba gestando en los 80 defendía que un acto de vandalismo, por pequeño que fuera, tendía a engendrar más vandalismo. La única forma de frenar este fenómeno era saneando sus pruebas visibles a la mayor brevedad, es decir, limpiando cada noche todos los vagones cubiertos por pintadas o reparando cada ventana hecha añicos en cuanto se rompiese.
A pesar del volumen y los costes que acarrearía poner en práctica un contraataque así, Giuliani no dudó en invertir lo que hiciera falta para limpiar la ciudad, máxime cuando esta había sido su principal promesa electoral.
Gracias a un endurecimiento de la legislación, a multiplicar el número de policías y a la creación de una fuerza antigrafiti, Giuliani logró hacer del grafiti un fenómeno residual, erradicándolo por completo del metro y de las zonas más céntricas de la ciudad.
En los 12 años que han pasado desde que Giuliani dejó la alcaldía, la ciudad no ha relajado su actitud en este senido. Sin embargo, ha fomentado en gran medida el grafiti artístico, comisionando a varios artistas grandes paredes desnudas como lienzo.

ANTONIO LÓPEZ: "GRAFITEROS, PINTEN SUS CASAS"

El grafiti o la pintada no aporta nada al ciudadano. Es contaminante. Tocar una obra que no es tuya es horrible. Supone una gran falta de consideración. Está mal, como pegar a alguien. Pediría a los vándalos que pinten en su casa. Me disgusta mucho cualquier atentado contra algo de alguien. Grafitear la ciudad la hace más fea. El grafito en general es una agresión. No me gusta en su forma. Todo lo que se hace en el exterior tiene que hacerse con la voluntad de los ciudadanos. Pero en este caso se hace contra el deseo de los ciudadanos, que no lo quieren ni lo esperan. Aunque fuera un arte, debería contar con el beneplácito de todos. Hasta para poner algo hermoso hay que pedir permiso. Incluso el gran Miguel Ángel no obraba a su antojo. El grafiti es una moda de muchos años que nunca sé si tuvo algún sentido. Las ciudades se tornan más feas y tristes para vivir. Tampoco hay que hablar mucho de ellos porque lo que quieren es aparecer a toda costa en los medios. Es peligroso. Mejor el silencio. El señor que rompió «La Piedad» de Miguel Ángel quería salir en el periódico. Era un escultor frustrado. Hay que tener cuidado. Si tuviera la oportunidad de conocer al chico que pintó mi escultura de «La mujer de Coslada», hablaría con él y le diría que pintara en la puerta de su casa. Grafiteros, pinten en sus casas; en su oficina; en sus sábanas, en un museo..., pero no en la ciudad, que es de todos.